Eleuterio Temo de la comunidad de Bermeo, durante la celebración de una novena para un difunto.
Foto: Manuel Seoane.

En comunidad contra la pandemia

14 de Octubre de 2020
Texto y fotos por Manuel Seoane

En medio de la crisis sanitaria ocasionada por la pandemia y ante la falta de apoyo estatal para la prevención y tratamiento de la enfermedad, muchas de las comunidades indígenas de tierras bajas en Bolivia se han visto obligadas a buscar sus propias maneras de combatir el nuevo coronavirus. Esta serie fotográfica muestra la dignidad, la lucha, el aferro a sus creencias y sobre todo el cuidado de la vida.

Gracias al apoyo del Fondo National Geographic de Emergencia Covid-19 para Periodistas, el fotógrafo boliviano Manuel Seoane estuvo de visita en algunas comunidades de los territorios indígenas Multiétnico (TIM) y el Territorio Indígena Mojeño Ignaciano (TIMI), del departamento del Beni, noreste de Bolivia, registrando imágenes y relatos sobre las medidas adoptadas para enfrentar la enfermedad. 

Testimonio de Bernardo Muiba, presidente de la Subcentral del TIM:

“Cuando empezó la pandemia mucha gente decidió retornar a sus comunidades, a sus chacos, para sembrar; eso fue bueno. Ahí nosotros comenzamos a movilizarnos, buscando a los abuelos de las comunidades para consultarles como podíamos tratar la enfermedad cuando ésta llegara. Ellos tenían conocimiento y experiencia porque en el pasado habían combatido enfermedades como el cólera y el paludismo, usando la medicina natural. Así fue que generamos una base de información sobre las plantas que se podían usar. 

El primer caso que tuvimos sucedió en la comunidad de Retiro, donde llego un joven que vivía en Santa Cruz y que estaba contagiado. Aunque la OMS había recomendado no utilizar otros medicamentos diferentes, como en las comunidades no teníamos acceso a ninguna medicina, la familia se empezó a tratar con plantas y vimos que lograron controlar. Entonces comenzamos a informar a las demás comunidades, para que todos se aprovisionaran. También se comenzó a poner trancas en los caminos para controlar que no entraran extraños a las comunidades y que los que si pasaban cumplieran sus cuarentenas.

Sin embargo el virus igual entró con fuerza y la mayor parte de la gente se contagió. Mi persona, junto a la dirigencia, estuvimos visitando todas las comunidades, acompañando, ayudando, llevando algún medicamento que se tenía. “No queremos acudir al centro de salud, si ni siquiera hay médicos, ir al hospital es ir a morir nomas, en casa nos vamos a curar”, nos decían. Nos mostraban sus jarabes que habían hecho, nos decían los ingredientes e incluso nos regalaban algunas botellas para llevar a otras comunidades. Cada receta era distinta, pero en general se preparaban con jengibre, hoja de guayabo, piñón, miel de abeja, piel de toronja, lima agria, limón, caracoré, hortelana, motocutuqui, albahaca, cuatro cantos, matico, eucalipto, etc. También se usaba alcohol quemado y tabaco para frotar el pecho, en fin, diferentes tratamientos. Así, poco a poco le perdimos el miedo a la enfermedad. 

No quisimos alarmar a los medios ni las autoridades porque igual estábamos abandonados. Daba lo mismo quedarnos callados. Solo tenemos dos médicos y siete enfermeros en todo el territorio. Nadie nos apoyó con medicamentos, solo algunas ONG. Nomas un día nos visitó la hija de la presidenta Janine Añez con medicinas y ropa que había recaudado con estudiantes de medicina de La Paz, no fue mucho, pero sirvió para dar algo a los mayores de 50 años. 

La medida más importante que tomamos fue la creación de capsulas informativas en idioma Trinitario, Ignaciano y Chimán, sobre que era el virus y como podíamos protegernos. Las capsulas fueron hechas con ayuda de CEJIS y transmitidas diariamente mediante un convenio con Radio San Ignacio, llegando a casi todo el territorio. Esa fue la única manera que tuvimos para informar a las comunidades. 

Donde más se contagió la gente fue al salir a cobrar los bonos a los bancos. Yo agradezco a Dios que estuve sano y pude trabajar durante la etapa mas dura. Ya cuando estaba bajando el contagio me enfermé. Me sentí muy mal, paré el trabajo y me fui a mi comunidad. Tenía mucha fiebre y sentía que mi cabeza iba a partirse. Hasta la vista se me hizo borrosa y la memoria. El único doctor que me visitó me dijo que estaba grave y que me fuera al centro de atención covid, pero yo pensaba que si iba era a morir nomas. Me quedé y mi esposa me trató con jarabes y alimentos naturales. Comía mucho pescado y aceite de caimán. Fue desesperante, pero poco a poco me recuperé, después de haber estado 26 días en cama. 

Puedo decir que la medicina tradicional nos salvo a los pueblos indígenas, aunque el gobierno se hizo la burla al decir que no sirve, a nosotros eso fue lo único que nos sirvió. Solo murió un hermano en todo el territorio, era un profesor que no quiso consumir los jarabes, prefirió ir al centro de salud covid y ahí falleció. Incluso la gente comenzó a vender los jarabes, que eran muy solicitados en la ciudad, se vendían a 70bs la botella, con eso también la gente recupero algo para su economía. Lo bueno es que al final hemos superado y mas bien nos ha fortalecido como comunidad, estamos mas unidos frente a las autoridades que nos dejaron a nuestra suerte. Seguimos vivos, hemos recuperado el conocimiento ancestral y nos vamos a restablecer”. 

Jarabe para covid-19 siendo preparado en la cocina de Paulina Noza. Su receta lleva jengibre, toronja, ajo, piñón y hojas de guayabo.

los ingredientes del jarabe para covid son hervidos durante 3 horas.

Petronila Ipamo ayudando a traducir una de las cápsulas radiales informativas que se difundieron en idioma Trinitario.

Bernardo Muiba, Juan Carlos Semo y otros trabajadores de la subcentral TIM instalando una antena de radio para comunicarse con las comunidades dentro del territorio. 

Juan Carlos Semo intentando contactarse con una comunidad Chimán del territorio.

Un niño escuchando la radio en Bermeo. 

Las mujeres de la comunidad de Bermeo sirven un almuerzo para los asistentes a la novena.

Los comunarios o indígenas de Pueblo Nuevo limpiando el camino después de meses de haber estado trancado por precaución.

Un comunario de Pueblo Nuevo limpiando la parroquia que estuvo cerrada por meses.

Los comunarios oran en la parroquia de San Miguel del Apere. 

Juan Carlos Semo intentando captar la señal de radio San Ignacio.

Una mujer indígena de San Miguel del Apere.

"Para hacer nuestras medicinas, solo necesitamos conocimientos ancestrales y un machete", frase de Bernardo Muiba, presidente del TIM. 

Desayuno familiar en la subcentral del TIMI.

Un niño juega en el agua en el jardín de la subcentral del TIMI.

Celia Rapu Campos del TIM, sobando el pecho de un niño mientras la familia mira. 

Una cruz en el cementerio covid-19 de San Ignacio. 

Paulina Noza, esposa del presidente del TIM Bernardo Muiba, recolectando plantas para preparar el jarabe covid-19 con el que curó a Bernardo. 

Celia y Paulina explican la receta del jarabe covid-19 a un familiar a través de una videollamada. 

El presidente del TIM Bernardo Muiba saluda a algunas personas en el pueblo de San Ignacio.

Nota. Esta historia es re publicada por Agenda Propia para apoyar a los miembros de la #RedTejiendoHistorias, un espacio público que lideramos para contribuir en fortalecer distintas narrativas y visibilizar temas indígenas en América Latina.