Fotoportada. Crédito. Composición fotográfica realizada por Paola Nirta - Agenda Propia.

Heredar la muerte: la lucha de los Pío por los bosques

21 de Septiembre de 2020
Por: Ralph Zapata.

Hace siete años, Gonzalo Pío Flores lloró la muerte de su padre, protector de las tierras de la comunidad asháninka Nuevo Amanecer Hawai, en el centro de Perú. Desde entonces y hasta mayo de 2020, el joven indígena continuó con la misión de su progenitor, pero también fue asesinado. Esta historia de la serie #DefenderSinMiedo muestra cómo cuidar el bosque puede convertirse en una sentencia de muerte. 

Si hubiera caído boca abajo, cuando la lanzaron a la quebrada con el cuerpo molido de tanto golpe y las manos atadas a la espalda, Maribel Casancho se habría asfixiado y no estaría relatando lo que ocurrió el domingo 17 de mayo de este año. Ese día –dice con la voz quebrada– soportó las siete horas más duras de su vida: a ella y a su esposo, el líder asháninka Gonzalo Pío Flores, los torturaron en medio del bosque, y luego les dispararon con una escopeta. El jefe indígena cayó y murió desangrado. Ella, malherida, fue tirada a un pequeño arroyo. 

La muerte de Gonzalo, defensor del ambiente en el centro del Perú, no fue un hecho aislado. Según la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, 12 líderes ambientales fueron asesinados en el país, durante los últimos siete años. Gonzalo  mismo había heredado -tras el homicidio de su padre, Mauro Pío Peña- la lucha por la titulación de Nuevo Amanecer Hawai, una comunidad asháninka  que se localiza en la triple frontera de Junín-Pasco y Ucayali, en uno de los bosques amazónicos más biodiversos del Perú y, también, uno de los más depredados. Defender la tierra, como  lo hizo su padre, le causó primero amenazas de narcotraficantes y taladores ilegales que operan en la zona y, después, la muerte.

La tarde del crimen, Gonzalo y Maribel  habían salido de su casa, en San Pascual, con destino a Alto San Pascual, a media hora de distancia a pie. Ambas son comunidades de la Amazonía peruana, un área donde viven 51 pueblos indígenas, entre los que destacan los asháninkas, los ashéninkas, los awajún y los shipibos. 

Hacía calor, pero eso no les impidió caminar en busca de trabajadores para cosechar café en su chacra. Al llegar al lugar, la pareja asháninka se dirigió a donde unos viejos amigos. Estaban pidiéndoles recomendaciones cuando escucharon disparos al aire, que procedían de la casa de los Ernesto Paredes. No era la primera vez que tenían problemas con ellos. Desde 2017, esa familia responsabilizaba erróneamente a Gonzalo de la muerte de un pariente. La abogada Rocío Meza, en cambio, dice que el supuesto lío parece una excusa. Planeada, insiste, para ocultar el presunto vínculo entre el crimen que estaban por cometer y el rol de Gonzalo como defensor ambiental. 

Gonzalo Pío lideró la defensa del territorio de Nuevo Amanecer Hawai, una comunidad asháninka ubicada en la frontera de Pasco, Ucayali y Junín, en el centro del Perú. Fue asesinado el 17 de mayo pasado.

Crédito: Gonzalo Pío, archivo personal.

En ese momento, los fogonazos se oían cada vez más cerca. Asustados, Maribel y Gonzalo corrieron a refugiarse en la vivienda de Felipe Ernesto Anacina; un hombre en quien confiaban pero que era tío de los hermanos Ernesto Paredes. Al llegar, le explicaron que habían ido a contratar personal y no a buscar pleitos. Él parecía escucharlos. Sin embargo, entonces aparecieron los hermanos Bruss, Rosalinda, Erica y Sheyrli Ernesto Paredes con machetes y palos. 

A Gonzalo lo tumbaron de un palazo en la cabeza y a Maribel la amenazaron con un machete. Ernesto Anacina no intervino. Algunos vecinos, como Francisco López, quisieron defenderlos pero los agresores amenazaron con matarlos. A duras penas y, con pocas fuerzas, la pareja logró correr hacia los sembríos (cultivos) de café, pero pronto fue alcanzada. Entonces, mientras les decían que los asesinarían como perros, los ataron, los torturaron y los obligaron a avanzar por una trocha ancha y llena de polvo. 

Caminaron durante media hora –recuerda Maribel–, a puros empujones y con las manos atadas a la espalda, hasta que llegaron a una zona desolada. La mujer les suplicaba en asháninka, la lengua de su pueblo, que los soltaran, que no dirían nada ni los delatarían con la policía, pero sus captores los golpeaban con más fuerza. 

“Te callas o le vuelo la cabeza a tu esposo”, le dijo Bruss Ernesto Paredes, mientras castigaba a Gonzalo. 

El peso de una herencia

La historia de Gonzalo Pío Flores, quien vivió hasta los 45 años, estuvo marcada por la desgracia. En 2013, en medio de una histórica lucha por titular a Nuevo Amanecer Hawai, su padre -fundador del pueblo- fue asesinado en una protesta contra extractores ilegales de madera. 

Los problemas por estas tierras habían empezado tres décadas antes. En 1987, en plena guerra interna contra el grupo terrorista Sendero Luminoso, los habitantes de la comunidad (ubicada entre las regiones de Junín, Pasco y Ucayali) fueron expulsados por los terroristas. Mauro Pío se refugió con su familia en la localidad de San Pascual –en donde dejó una casa y una chacra que, con los años, su hijo Gonzalo ocuparía para sembrar café– y, luego, en la ciudad de Satipo. 

Allí, la familia estuvo desterrada trece años, hasta que miembros del Ejército le comunicaron que su comunidad –llamada entonces Piliari– había sido pacificada. Con esta noticia, Mauro buscó a los indígenas para retornar a su hogar y cuando lo hicieron, tres años después, rebautizaron su tierra con el nombre de Nuevo Amanecer Hawai, porque encontraron restos de sembríos de piña hawaiana y, también, como metáfora de un nuevo comienzo. 

Entonces, el padre de Gonzalo se convirtió en el jefe local y mantuvo ese puesto hasta que lo mataron. Siete años antes, el líder indígena había logrado que la Dirección Regional de Agricultura de Pasco reconociera a su comunidad e iniciara el proceso de titulación.

La comunidad Nuevo Amanecer Hawai tiene una lucha histórica por la titulación de sus tierras. Sus líderes, además, deben protegerlas de narcotraficantes, taladores y mineros ilegales.

Crédito: Gonzalo Pío, archivo personal.

Sin embargo, en esa época también empezaron los conflictos con un grupo de empresarios, dueños de concesiones forestales. “Faltaba una semana para que Mauro volviera a reunirse con el presidente del Consejo de Ministros y siguiera con los trámites de la titulación. Pero el 27 de mayo de 2013 le dispararon en la cabeza. Los taladores ilegales querían impedir que consiguiéramos nuestro título de propiedad”, cuenta Julio Tunque, amigo del apu y ahora representante de la comunidad.

Aunque la policía identificó al asesino intelectual de Mauro Pío, un hombre llamado Víctor Romero, que trabajaba como administrador de la empresa Productos forestales SRL, y los autores materiales del crimen (otras dos personas), las autoridades judiciales los dejaron en libertad por falta de pruebas. “El caso ha quedado impune”, dijo a OjoPúblico la abogada Rocío Meza, del Instituto de Defensa Legal (IDL).

Cuando murió su padre, Gonzalo –el tercero de los hijos varones de Mauro– fue elegido como integrante del comité de seguridad y defensor del territorio de la comunidad Nuevo Amanecer Hawai. En pocas palabras, le encomendaron la misión que su padre había iniciado: defender la tierra de invasores, traficantes de tierras, narcotraficantes y taladores ilegales. 

En 2018, para cumplir ese objetivo, Gonzalo empezó a estudiar educación primaria en una universidad de la ciudad de Satipo. “Quería defender nuestros derechos, nuestro territorio, y educar a los más jóvenes, a las nuevas generaciones”, cuenta su esposa, de 41 años. 

A la espera de la titulación 

Nuevo Amanecer Hawai se encuentra en la triple frontera de Junín-Pasco y Ucayali, en una zona conocida como Gran Pajonal, que alberga bosques húmedos que han atraído a taladores ilegales e invasores de tierras. En este lugar se asentaron pueblos asháninkas, pero también se instaló una conocida ruta de tráfico de madera y drogas, según informes de la policía. Ochenta familias viven en un territorio de 32 mil hectáreas, reconocido por la Dirección Regional de Agricultura en 2006. Sin embargo, explica Julio Tunque, 12 mil de esas hectáreas fueron invadidas por taladores ilegales dos años más tarde.

Desde entonces, empezaron los problemas para la comunidad: el proceso de titulación, que estaba a cargo del Organismo de Formalización de la Propiedad Informal (Cofopri), pasó al gobierno regional y, poco tiempo después, llegaron las empresas forestales que desataron el conflicto por las tierras.

“La norma señala que no se puede otorgar concesiones forestales dentro de las jurisdicciones donde están superpuestas las comunidades indígenas y, menos aún, donde no se han delimitado sus fronteras”, explica la abogada Meza. En 2012, para hablar sobre este problema, Mauro Pío se reunió con Óscar Valdés, presidente del Consejo de Ministros durante la presidencia de Ollanta Humala (2011-2016).

Los asháninkas de Nuevo Amanecer se enfrentaron en la década de los ochenta y noventa a los terroristas de Sendero Luminoso. Desde entonces, siempre han protegido su territorio de foráneos. 
Crédito: Gonzalo Pío, archivo personal.

En ese encuentro se firmó un acta para titular varias comunidades, entre las que estaba Nuevo Amanecer Hawai. Aunque el líder fue asesinado un año después de esa reunión, las acciones para lograr la titulación no se detuvieron, y Gonzalo continuó el proceso junto al nuevo jefe de la comunidad, Jhover Meléndez Flores. 

A la fecha de escritura de este artículo, la comunidad tramita una acción de amparo para defender los derechos del pueblo indígena con el apoyo de IDL. “El pedido se presentó luego de la muerte de Mauro Pío y, desde hace dos años, continúa sin resolverse en el Tribunal Constitucional”, explica la abogada. 

El director regional de Agricultura de Pasco, Ismael Cusi Ramón, informó a OjoPúblico que Nuevo Amanecer Hawai está incluida en un grupo de comunidades que serán tituladas por el Cofopri. Los trámites, no obstante, han quedado suspendidos por la pandemia. El nuevo jefe de la comunidad dice que la covid-19 es una excusa para dilatar el proceso de titulación y favorecer la entrega de más concesiones forestales.

Crimen sin castigo

“Ya no llores, Marita, qué vamos a hacer, dejémosle todo a Dios”, le dijo Gonzalo a Maribel, su esposa, justo antes de que le disparen por la espalda. 

La mujer vio que el líder cayó hacia el lado derecho, y ella –a quién también le dispararon pero sobrevivió– se desplomó hacia el lado izquierdo. Aturdida y en el suelo, observó que Gonzalo seguía respirando. Al rato sus captores lo remataron. Como a ella la vieron viva, le pegaron con la culata de la escopeta hasta desfigurarla, la ahorcaron y, luego, la lanzaron a una quebrada.

Allí estuvo unas dos horas, hasta que recobró fuerzas y emprendió camino hacia su comunidad para pedir ayuda. La denuncia policial que figura en la comisaría de Satipo señala que la vecina Rosa Márquez Maldonado llamó al teniente de Santa Rosa de Cashingari, Rosario Suazo Pariona, quien en ese momento ya participaba en la búsqueda de los esposos. Horas antes, una sobrina de Gonzalo había denunciado la desaparición en la misma comisaría.

Las comunidades indígenas de Perú, como Nuevo Amanecer, permanecen en abandono por parte del Estado desde hace mucho tiempo. Padecen deficiencias en salud, educación y servicios básicos de agua y desagüe.

Crédito: Gonzalo Pío, archivo personal.

Un testigo le dijo a la policía que vio cuando los hermanos Bruss, Rosalinda, Erica y Sheyrli Ernesto Paredes se llevaron con violencia a la pareja asháninka. Durante la diligencia del levantamiento del cadáver, el fiscal Jhon Barrón constató que Gonzalo Pío presentaba señales de ahorcamiento y heridas de bala. Tenía, además, la oreja izquierda cortada y las manos atadas a la espalda. 

Desde entonces, el caso es investigado por la fiscal Martha Baldeón Berrocal, pero no ha avanzado mucho. Solo se sabe que los hermanos Ernesto Paredes atacaron a Pío mientras le reclamaban por el asesinato de uno de los integrantes de su familia en 2017. El Ministerio Púbico, no obstante, indaga si esta familia tiene nexos con actividades ilegales. La señora Casancho no descarta la tesis de que su esposo fue asesinado por defender su territorio de narcotraficantes, taladores y mineros ilegales. “Recibía muchas amenazas de gente vinculada a estas actividades”, dice. 

Esa teoría la comparte la abogada Meza, que asesora a Maribel. Para la letrada, el móvil de la venganza no se ajusta a la realidad, pues Gonzalo y su padre eran defensores de su territorio y vistos como un obstáculo por personas dedicadas a actividades ilegales que pretendían instalarse en los bosques de Junín. “Alrededor de ellos se había creado una atmósfera muy hostil, debido a sus luchas ambientales. Así que la supuesta venganza parece más una excusa para desviar la atención de fondo”, señala. 

El último jueves de agosto, los Relatores Especiales de derechos humanos, ejecuciones extrajudiciales y derechos de los pueblos indígenas de las Naciones Unidas informaron que, hasta ahora, no reciben respuesta del gobierno peruano en torno a los asesinatos de los líderes ambientales Gonzalo Pío Flores y Arbildo Meléndez, de Huánuco; ambos ocurridos durante la pandemia. “Nos preocupa que los defensores del medio ambiente se encuentren en mayor riesgo dado que los ataques se centran en personas que trabajan en la titulación de sus tierras”, dijeron en un comunicado

Mientras tanto, Maribel teme por su vida. Por eso, se ha refugiado con sus tres hijos en otro lugar. “Me han amenazado de muerte y he tenido que salir de mi comunidad”, cuenta, mientras pide ayuda en el proceso para hallar justicia. Siente que el caso se encuentra estancado. Le ha pedido el expediente a la fiscal, pero ella se ha negado a mostrárselo porque no hay nada nuevo: “Que los acusados están fugados y que no han declarado. ‘¿Para qué quieres el expediente?’ Eso me ha dicho”, cuenta Maribel. 

Nota. Este artículo hace parte de la serie periodística #DefenderSinMiedo: historias de lucha de mujeres y hombres defensores ambientales en tiempos de pandemia. Este es un proyecto del medio independiente Agenda Propia coordinado con veinte periodistas, editores y medios aliados de América Latina. Esta producción se realizó con el apoyo de la ONG global Environmental Investigation Agency (EIA). 

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