Imagen aérea de la comunidad indígena La Chorrera, en el departamento de Amazonas, Colombia.
Foto: Vanessa Teteye (Marrimulle).

La Covid-19 en las entrañas de la Amazonía

2 de Julio de 2021
Vanessa Teyete, periodista Bora Amazonas.

La periodista indígena Vanessa Teteye narra la experiencia de su clan Íñeje frente a los desafíos y retos tras la emergencia que viven hace más de un año por la Covid-19 en La Chorrera, Amazonas.

Cuando la pandemia llegó a mi comunidad, La Chorrera, Amazonas, un área no municipalizada con 22 comunidades indígenas, ubicada sobre el río Igaraparaná, la incertidumbre y la angustia se presenciaba en los habitantes. En este territorio, que hace parte del resguardo Predio Putumayo, (5.818.702 hectáreas), conviven los pueblos Bora, Okaina, Muinane y Uitoto o Murui Muina, varios se constituyen en clanes familiares, entre ellos, Íñeje (palma de canangucho) clan al que pertenezco. Allí, nos reconocemos como sobrevivientes de la cauchería, un atroz genocidio, que ocurrió entre fines del siglo XIX y 1914, en el que murieron más de 30.000 indígenas a causa de la esclavitud a la que sometieron cuacheros como lo fueron Julio César Arana y Benjamín Larrañaga. 

Entre los pobladores de mi comunidad corrió la voz de la enfermedad que estaba azotando a Leticia (capital del departamento de Amazonas), a la zona de frontera y a todo el mundo. A través de llamadas con familiares, de las noticias que veían en televisión satelital y de las redes sociales se informaron de la pandemia, pero lo que no sabíamos era cómo enfrentar un virus que estaba acabando con la vida de miles de personas. 

La preocupación se hacía mayor al no tener elementos médicos básicos para combatirla. En el caserío del cabildo indígena Centro Chorrera, de unos 500 habitantes, tan solo hay un pequeño centro de salud, que antes de la pandemia tenía  seis camas, tres balas de oxígeno y un condensador de oxígeno, así lo recuerda mi primo William Teteye, un auxiliar de enfermería del hospital “Nanorɨrako” que significa “donde nos curan”, en lengua Uitoto Mɨnɨka o Murui Muina.

Allí, permanece una enfermera jefe, un médico general, un odontólogo, un bacteriólogo y cuatro enfermeros auxiliares indígenas. 

En la actualidad, el hospital de la comunidad cuenta con dos máquinas para realizar pruebas de la Covid-19 que llegaron apenas en el mes de mayo pasado y que fueron suministradas por el Hospital San Rafael de Leticia. Esto ha ayudado a identificar y hacer control sanitario de la pandemia en el territorio. Además, el personal médico a la fecha cuenta con las dos dosis de la Vacuna Sinovac, aplicada durante los meses de mayo y junio del presente año.  

El río Igaraparaná en medio de la comunidad indígena de La Chorrera, Amazonas. 
Foto: Vanessa Teteye.

De acuerdo con la Secretaría de Salud del Departamento de Amazonas, en el área no municipalizada de La Chorrera, desde el inicio de la pandemia, y hasta el 3 de mayo de 2021, la comunidad contaba con 14 personas contagiadas por la Covid-19. En la actualidad tiene 16 contagios, sin embargo, los dos últimos se dieron en Lagogrande, otra comunidad indígena distante a 12 horas en lancha.

Cuando la Covid-19 llegó al territorio, rodeado de selva y de ríos caudalosos, los hijos del tabaco, la coca y la yuca dulce, como nos autodenominamos, nuestros abuelos y mayores de cada pueblo y clanes empezaron a analizar esta enfermedad.

En las malocas y los mambeaderos (espacio espiritual donde los sabedores reflexionan sobre la vida y su cotidianidad, mientras se consume la hoja de coca y el sumo de tabaco) los abuelos interpretaron desde sus conocimientos ancestrales que el virus es un mal que viene de las profundidades de la tierra, despertado por la explotación a la madre selva, así lo relata mi abuelo, mayor y jefe Bora del clan “Íñeje”, Benito Teteye quien en lengua tradicional se llama “Dujdulli”, significa sonido de pisada de danta.  

“Nuestro abuelo Niimúhe (uno de los dioses de la cosmovisión Bora) enterró ese mal en la primera capa del planeta tierra y nosotros respetamos eso. Nosotros trabajamos por encima para vivir, cuidamos todos los árboles para que nos protejan de esa enfermedad, en cambio el hombre blanco no respeta, sigue escarbando, explotando con la minería, con petróleo y por eso se alborotó el virus afectando a muchas personas”, dice mientras está en su maloca en la comunidad de Providencia, ubicada a ocho horas río abajo de Centro Chorrera.

A partir de esa reflexión, los cuatro pueblos decidieron armonizar el territorio con sus cantos y bailes, endulzando sus oraciones con la planta sagrada de la hoja de coca transformada en mambe (harina de coca mezclada con cenizas de hoja de yarumo) y el ambil, hecho con tabaco, para apaciguar la llegada del virus a su comunidad. 

“Con los bailes tradicionales uno maneja las epidemias, con los orígenes de los bailes uno ya sabe cómo manejar el medio ambiente. Cada vez que hay una cosecha de cananguchos, de chontaduros, sabemos qué epidemia va a haber”, dice el abuelo Benito, al explicar que de esa manera se cuidan y previenen enfermedades. 

El abuelo Bora Benito Teteye, en su maloca en la comunidad de Providencia, sobre el río Igaraparaná, en la zona de La Chorrera, Amazonas.  
Foto: Vanessa Teteye.

Para evitar el contagio, algunos habitantes se encerraron en sus malocas y otros viajaron a las cabeceras de las quebradas y se internaron en las profundidades de la selva.

La muerte de seis abuelos por la Covid-19 en julio de 2020 se convirtió en momentos dolorosos para la comunidad, dijo Luz Marina Zaita Remuy, indígena Murui Muina y secretaria de Mujer de la Asociación Zonal Indígena de Cabildos Autoridades Tradicionales de La Chorrera (Azicatch). 

“Dos que murieron en el territorio como sospechosos, pero que nunca se confirmó. Tres fueron remitidos a la ciudad de Pasto, capital del departamento de Nariño, al sur de Colombia, donde los pacientes dieron positivo para Covid y uno que murió mientras era trasladado a la ciudad de Leticia, que fue positivo para coronavirus”.  Además, Luz Marina comenta que, “con la muerte de los abuelos se nos pierde el conocimiento, la sabiduría, una biblia de la cultura ancestral de nuestros pueblos” explica.  

A estas dolorosas pérdidas, se suma la muerte del mayor y médico tradicional Jesús Teteye Eimenekene, indígena Bora perteneciente al clan Oso, el pasado 21 de junio del 2021. Mi tío fue consejero de salud de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic y fue uno de los fundadores del Sistema Indígena de Salud Propia, SISPI. Además fue formador de la Escuela de Formación Política de la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana, Opiac. Su muerte deja un vacío en los procesos de lucha para nuestro pueblo, los hijos del tabaco, la coca y la yuca dulce.

El reto de estudiar en casa en medio de la selva

Por otro lado, los colegios públicos también cerraron sus puertas como la Institución Educativa Casa del Conocimiento de La Chorrera, compuesta por un colegio y ocho escuelas ubicadas a lo largo de la ribera del río Igaraparaná. Los 801 estudiantes indígenas de los pueblos Okainas, Murui Muina, Boras, Yukunas, Andoques y Muinanes, debieron volver a sus casas, pues en ese momento se encontraban internados en el colegio, lejos de sus comunidades.

Mi padre, Edwin René Teteye Botyay, quien en nuestro idioma tradicional se llama “Imillio” que traduce “cogollo de canangucho”, líder comunitario y docente desde hace 20 años y actual rector de la Institución Casa del Conocimiento, recuerda que la advertencia del nuevo coronavirus lo llevó a tomar acciones inmediatas para salvaguardar la salud de los niños, niñas y jóvenes.

“Tuvimos que atender las orientaciones del Ministerio de Educación, tuvimos que enviar a los estudiantes a sus casas lo más pronto posible, de manera imprevista”, relata mi padre Edwin René. 

Edwin Teteye junto a su esposa Aurora Mendoza, en el XXXIII aniversario del Resguardo Indígena Predio Putumayo, en La Chorrera, Amazonas.
Foto: Archivo personal.

En medio de esta situación, la institución educativa también dio la orientación a los estudiantes de estar atentos a los síntomas del coronavirus, tener autocuidado y esperar las decisiones que se tomarían para continuar con las clases.

En Colombia, la educación sería de manera virtual, pero para los estudiantes y docentes de La Chorrera esta alternativa es todo un reto, porque en gran parte de esta región selvática la población no tiene acceso a un celular, a una tablet o a un computador, además, tampoco cuentan con servicios de conexión virtual y electricidad. 

Por ejemplo, en Centro Chorrera hay energía solo 8 horas al día. La señal de celular es muy débil y cuando llueve fuerte no se logran hacer llamadas. Si bien hay una red wifi pública, la conexión suele ser muy inestable, y los que tienen computador son muy pocos y menos los estudiantes. 

Maloca Bora del abuelo Benito Teteye, en la comunidad de Providencia, sobre el río Igaraparaná.
Foto: Vanessa Teteye.

De acuerdo con el censo de 2018 del Departamento Nacional de Estadística de Colombia (DANE), del total de la población de Amazonas (76.589 habitantes) el 65% tiene acceso a electricidad las 24 horas del día, es decir, quienes viven en Leticia y Puerto Nariño, y en las áreas no municipalizadas como Centro Chorrera, tan solo tienen entre 4 a 8 horas diarias de energía. Además, únicamente el 2,2% de los habitantes cuentan con acceso a internet en todo el departamento.  

Ante ese problema, los docentes de la Institución Educativa Casa del Conocimiento realizaron guías pedagógicas con preguntas y tareas básicas para que los estudiantes desarrollarán desde sus comunidades y así continuar con los estudios. 

Mi padre resaltó que la continuidad de las clases se dio gracias a la voluntad de los docentes y de los padres de familia, pues para él, el apoyo institucional y gubernamental ha sido muy poco.

“Para la virtualidad se requiere conectividad y equipos, los estudiantes y la institución no los tiene, el Ministerio no ha dotado, la Gobernación tampoco ha dotado. Hemos podido realizar nuestro trabajo mediante las guías que los docentes han hecho, la logística que pone la institución y la disposición de los padres para trabajarlas en los tiempos que hemos acordado”, dice con preocupación, pues comenta que muchas veces los insumos, como lapiceros, hojas de papel y demás materiales no llegan a tiempo para poder desarrollar las actividades académicas. Lo mismo ocurrió con la alimentación escolar.

De acuerdo con Amparo Lozada, secretaria de Educación del Departamento de Amazonas, para ese momento de crisis por la Covid-19, se tomaron medidas que garantizaran la educación de los estudiantes. También reconoció que la población escolar es la más perjudicada.

“Claramente con los internados hemos tenido dificultades porque están dispersos, para llegar a ellos de manera oportuna siempre se nos presenta esta situación. No hemos llegado con oportunidad, eso nos ha dejado una enseñanza toda vez que no estamos bajo la presencialidad, estamos desde casa todavía trabajando mediante guías. Con una dificultad de conectividad, porque los niños no tienen clase virtual o mediante un Whatsapp, conocemos los miles de inconvenientes en esta zona apartada del país como es el Amazonas”, agregó Amparo.

Pese a esas dificultades la funcionaria argumentó que la administración, acatando las directrices del gobierno nacional, acogió el estado de emergencia económica, ecológica y social del departamento, lo que permitió buscar soluciones rápidas a las necesidades coyunturales del territorio.

“En ese momento se hizo la contratación de manera directa de la prestación de los servicios esenciales, se hizo la contratación del PAE (Programa de Alimentación Escolar). Se garantizó el combustible a los diferentes internados, igualmente se tuvo que cambiar la modalidad porque ya habían unos contratos que estaban caminando en el tema de víveres, porque primero se estaba pensando en racíon preparado en sitio y se cambió a ración preparado en casa”, agregó Amparo.

La alternancia 

 Mi padre narra que desde los inicios de la pandemia hasta finales de noviembre del 2020, cuando finaliza el periodo académico, la institución educativa realizó 12 recorridos a 22 comunidades para llevar alimentos y las guías que elaboraron los profesores.

Estos recorridos, que duraron cada uno tres días, los hizo en un deslizador (lancha) con un motor de 40 caballos de fuerza, sobre el río Igaraparaná.  

Durante las visitas, observó cómo se fortaleció la relación de los niños, niñas y jóvenes indígenas con su entorno cultural y familiar. 

“El indígena está en su comunidad, está rodeado de sus padres, está desarrollando sus actividades culturales aún cuando está estudiando la cuestión académica formal, técnica y científica occidental”, comentó Edwin.

Para los padres de familia es importante que la educación de sus hijos sea constante, incluso a través de las guías, sin embargo, para que la institución cumpla con este trabajo logístico deben contar con insumos de transporte.

Los pueblos indígenas amazónicos desde los espacios autónomos bajo la palabra de consejo de nuestros mayores, siempre hemos pensado que es importante un modelo de atención que garantice nuestros derechos, de acuerdo con las costumbres y las necesidades que presentamos.

“En ese sentido, esta pandemia nos ha regresado hacer esta revisión sobre todo esto nos ha mostrado que es posible hacer educación con comunidades apartadas, con población donde hay pocos estudiantes”, dice mi Lííhiyo (padre) sentado en su hamaca, bajo la palabra del mambe. 

Es por eso, que a inicios del año escolar en enero del 2021, los padres de familia del área no municipalizada de La Chorrera, los líderes de Azicatch y los encargados del colegio llegaron a la decisión de dar clases en el modelo de alternancia.   

El rector Edwin en reunión con padres de familia de La Chorrera, para la toma de decisión sobre la nueva modalidad de la Institución Casa de Conocimiento, en la sede de la AZICATCH.  
Foto: equipo de comunicación AZICATCH.

“Decidimos con los padres un tiempo para ver la inducción por dos semanas, y luego volver a sus casas a realizar sus trabajos. Siempre con la expectativa de que algún gobierno en algún momento dé las garantías suficientes para hacer ese trabajo en las comunidades en el marco de la virtualidad o de la presencialidad. A la fecha seguimos esperando la voluntad del gobierno”, relata mi padre, en su función como rector del colegio.

A pesar de ser una decisión comunitaria, muchos no estuvieron de acuerdo con esta iniciativa y manifestaron que no enviarían a sus hijos a la institución y que ellos esperaran las guías educativas en sus hogares. Además, la Secretaría de Educación de la Gobernación del Departamento de Amazonas entregó una circular a la Institución Educativa, la cual señalaba la importancia de continuar con las guías escolares para minimizar el impacto del contagio. 

Luego de 11 meses de no asistir a la institución educativa, el primero de febrero de 2021, los los niños, niñas y adolescentes indígenas se levantaron temprano, con sus  uniformes de color azul oscuro y blanco para ir a recibir sus clases de inducción en la primaria y secundaria de la Casa del Conocimiento.

Una vez terminadas las tutorías presenciales en la sede Santa Teresita del Niño Jesús (primaria) y en la sede Casa del Conocimiento (Secundaria) sobre el uso y manejo de las guías académicas, los estudiantes retornaron a sus comunidades para concluir sus labores y quedar a la espera que la institución educativa vaya a recogerlas.

Durante este primer semestre académico, los profesores en jornada de la mañana reciben a sus estudiantes en las aulas o en sus hogares para hacer acompañamientos y tutorías de los temas que no logren comprender y desarrollar. Esta alternativa se realiza de manera temporal mientras se reanudan las clases presenciales.

De acuerdo al comunicado del Gobierno Nacional a través del Ministerio de Educación envió una circular el pasado 27 de marzo del 2021, se entregaron recomendaciones a los gobernadores y a los alcaldes para retomar actividades académicas presenciales en la totalidad de las instituciones educativas de los departamentos de Amazonas, Vaupés y Guainía, debido a los avances de las fases de vacunación.

“No contamos con una infraestructura adecuada para atender a los estudiantes de la zona en el marco de la pandemia. ¿Qué va pasar con los maestros frente a la vacuna? No sabemos si los estudiantes entran en ese grupo de los posibles vacunados y no sabemos cómo será la atención con los docentes con enfermedades de base”, reflexiona mi padre.  

Aunque la vacunación se ha realizado en los municipios de Leticia y Puerto Nariño, en las áreas municipalizadas que comprende la mayor parte del departamento del Amazonas, aún se desconoce cómo y cuándo será el proceso de inmunización. Este es un tema que debe ser concertado con las autoridades y los pueblos indígenas de este territorio.

Ante este panorama de retos para los pueblos amazónicos, mi padre también como líder comunitario, hace un llamado a los entes gubernamentales a nivel local, nacional e internacional para que ayuden al cuidado de la Amazonía y también de aquellos que viven en ella y velan por su cuidado. 

Colegio Casa del Conocimiento inundado por las fuertes lluvias en la Amazonía. 
Foto: Edwin Teteye. 

“Lo que se pide es que se haga un apoyo concreto a este tipo de poblaciones porque el cuidado que hay sobre los recursos naturales, toda la diversidad, depende mucho del tipo de formación que tengamos los pueblos indígenas. En la medida que se siga garantizando, que se siga apoyando a este tipo de población, también es una garantía para la pervivencia de la diversidad, del mundo y de la tierra como aldea global”.  

Los habitantes en mi comunidad, La Chorrera, siguen con sus actividades cotidianas como la pesca, el trabajo en sus chagras, continúan con eventos tradicionales que son fundamentales para su supervivencia física y cultural. También siguen previniendo y cuidándose de la enfermedad del coronavirus con sus medicinas tradicionales, las dietas y la palabra de consejo de sus mayores.  

Por su parte, mi abuelo Dujdulli pide que se reconozca el trabajo que hacen los mayores, los médicos tradicionales y los líderes amazónicos por defender el territorio de la pandemia desde un ejercicio espiritual.

 “Nosotros los tradicionalistas, los médicos tradicionales hicimos mucho trabajo que ningún gobierno nos lo va a reconocer. Armonizar este mal, esta pandemia que no nos acabe”.  

Espacio espiritual en la maloca del mayor Benito Teteye, en la comunidad de Providencia, de la zona Chorrera, sobre el río Igaraparaná.  
Foto: archivo personal Edwin Teteye. 

Nota. Esta historia hace parte de la micro serie #RelatosdeResistencia producida por Agenda Propia, un medio independiente, con el apoyo de NED que fortalece el Periodismo Colaborativo Intercultural en América Latina.