Mochila de la paz
Fotos. Edilma Prada Céspedes.

Tejedoras indígenas de Caldono, Cauca, diseñaron la ‘mochila de la paz’

1 de Julio de 2016

A miles de kilómetros de La Habana (Cuba) donde Gobierno y Farc, negocian la paz, un grupo de 50 mujeres de la cultura indígena Nasa, tejen una mochila que simboliza la armonía y la reconciliación.

Todos los sábados se dan cita en Caldono, nororiente del Cauca, para recuperar una de las tradiciones ancestrales de sus comunidades: los tejidos. 

Desde muy temprano, se congregan en una humilde casa, cuya fachada de color verde sobresale en una calle ubicada a pocos pasos de la galería del pueblo. El letrero Artesanía A’ Wala indica a propios y forasteros que allí funciona una tienda de productos autóctonos.

Las tejedoras van llegando una a una, la mayoría procedentes de lejanas veredas y de empinadas zonas montañosas, región azotada por el conflicto armado y la pobreza.

En la pequeña tienda, Mariela Poscué, coordinadora del Programa Mujer, las espera para la acostumbrada reunión sabatina, que a lo largo del día se convierte en todo un ritual para transmitir conocimientos. 

En las vitrinas de la tienda se exhiben por lo menos unas 100 mochilas, pulseras y rollos de hilo de todos los colores; rollos que van tomando las indígenas y con aguja en mano empiezan una de las tareas más sagradas, plasmar pensamientos y tradiciones a través del arte de tejer.

La manipulación de los hilos parece en momentos arte de prestidigitación por la rapidez del proceso. El cordel rodea los dedos, las uñas, levanta halos de polvo y como si se pudiera ver la mística bajo un lente especial, se vería cómo las hebras del conocimiento se fusionan en el movimiento raudo de agujas, hilos y dedos para darle forma a una cosmovisión inherente.

 “Para nosotras los tejidos son símbolo de vida y esperanza”, dice Luz Marina Alos, mientras entrelaza hilos de color café, cuyo significado referencia la tierra y el trabajo.

La jornada avanza de conversa en conversa, como dicen ellas, y uno de los temas que siempre discuten es la violencia, de la que Caldono y sus 33 mil habitantes han sufrido. Este municipio ha sido uno de los más golpeados por el accionar de las Farc en el Cauca; por lo menos ha tenido que afrontar unos 70 ataques guerrilleros. 

Cuando se les pregunta del proceso de paz, susurran, pues no están tan convencidas de las negociaciones que están apunto de finalizar en La Habana. De lo que sí saben es que su comunidad permanentemente está en resistencia y que en medio de la guerra que les ha tocado vivir, siempre han demostrado gestos e iniciativas de paz.

La paz representada en una mochila

Al hablar de negociaciones y de reconciliación, Mariela toma la ‘mochila de la paz’ y expone las razones de su creación. Fue diseñada para atraer tranquilidad, a su pueblo, y a quien la cargue. Asimismo, cumple su función como protectora frente a cualquier manifestación de violencia. 

“Nosotras creemos que somos las mujeres las que aportamos vida. Con tristeza tenemos que decir que son nuestros hijos y esposos los que van allá, los que se mueren en las guerras, nosotras somos las más afectadas en esos conflictos armados, por ello estamos tejiendo la paz”, asegura Mariela, con un tono de voz esperanzador.

La mochila elaborada en lana tiene tres significados. “La parte oscura son todos los problemas y conflictos que giran a nuestro alrededor”, dice la artesana al agregar que el color blanco es “pureza, inocencia y paz”. Y los diseños geométricos que comprenden composiciones a partir de rombos, enseñan “el recorrido de nuestro vivir; la vida es subir y bajar, son los problemas, volver a caer y levantarse”.

La representación de la mochila es equilibrio y armonía, para los Nasa, eso significa paz, el buen vivir (wët wët fxizenxi).

Esta mochila, además refleja la sabiduría de sus ancestros. Así lo da a conocer Ana Julia Ramos al resaltar que “para no olvidar nuestra cultura ha sido necesario transmitir los conocimientos de abuelas a madres y de madres a hijas”.

La ‘mochila de la paz’, de tamaño medio cuesta 60 mil pesos, y su elaboración puede tardar hasta dos semanas, pues las mujeres al día dedican de 2 a 3 horas a tejer, el resto del tiempo deben cumplir con sus actividades del hogar y del campo. 

Mariela, comparte que esta mochila corresponde a un primer modelo y diseño pensado en la paz, pero que puede cambiar dependiendo de los gustos y el sentir de quienes desean comprarla.

La simbología y la cosmovisión indígena

Las mujeres en sus encuentros de los sábados, le dedican un buen tiempo a la iconografía de sus tejidos, que dependiendo del estado de ánimo de la tejedora o por una concepción especial, representan situaciones relacionadas con sus rutinas en el campo, los rituales, la cosmovisión y el respeto hacia la Madre Tierra.

“Cuando hay bastante color es porque hay buen ánimo. En nuestra cultura se utilizan mucho los colores del arco iris, tienen un gran significado. Otro color fuerte es el amarillo que es poder y energía; el verde, la belleza de nuestra madre naturaleza y el rojo, la sangre que derramaron nuestros antepasados”, explica María Poscué.

La labor de tejer, enseñar y compartir no para en todo el día. Las 50 mujeres que integran el programa, orientadas por las mayoras o conocedoras del tema, deben aprender a perfeccionar las técnicas del tejido, ofrecer y comercializar sus productos, productos que han llegado a grandes eventos como Expoartesanías en Bogotá, la Feria de las Flores en Medellín, la Muestra Artesanal Manos de Oro en Popayán, y varias de sus mochilas han sido exportadas a distintos países.

Una misión, según las voces que ríen y hablan —en medio de cordeles creativos, donde igualmente hay niños y niñas que se apoyan en las faldas para ver cómo el hilo blanco se transforma—, será la de producir más ‘mochilas de la paz’ y lograr que en sus comunidades, y más allá del Cauca, se utilicen. Los tejidos abogan por la búsqueda y el encuentro con la armonía y la reconciliación.