Imagen ilustrada basada en fotografías del contexto real de las comunidades.
Ilustración: Giovanni Salazar / Agenda Propia.
Colombia

Yakuruna: hijos y semillas del río

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Sinopsis: 

Los sentires del pueblo Tikuna o Magüta están relacionados con la yakuruna, el espíritu del río. Las voces de los indígenas de la comunidad San Francisco de Loretoyaco, ubicada a 15 minutos vía fluvial de Puerto Nariño, en la triple frontera amazónica Colombia, Brasil y Perú, comparten el significado de la yakuruna, su conexión con sus ancestros y con la vida.

Pero también sus voces narran con preocupación la fuerza que está perdiendo la yakuruna por la contaminación de las aguas del río Amazonas y de los distintos afluentes que bañan sus territorios, la deforestación y el ‘saqueo’ de la madre selva.

Ficha Técnica: 

Tipo de contenido: Sonoro 
Año de realización: 2021
Título de la serie: Voces de la Amazonía ¡Escucha, la memoria habla!
Realizado(ra): Ünãgükü Taüchina (Cindy Amalec Laulate Castillo su nombre occidental)
Lugar: San Francisco de Loretoyaco, Amazonas, Colombia
Duración: 00:12:43”

La Yakuruna, el ser del agua para los Tikuna, a quien le debilitan su espíritu

13 de Junio de 2021Por: Ünãgükü Taüchina (Cindy Amalec Laulate Castillo su nombre occidental)

Los ríos sagrados de la Amazonía están afectados por múltiples prácticas y dinámicas ajenas a las tradiciones, sentires y formas de concebir el mundo de quienes han vivido ancestralmente y sustentado la vida en armonía como el pueblo indígena Tikuna o Magüta. En la triple frontera amazónica Colombia, Brasil y Perú, hay preocupación por los daños contra la yakuruna.

Una de las conexiones ancestrales y naturales de la vida del pueblo indígena Tikuna o Magüta es la yakuruna, el ser del agua. Los habitantes de la comunidad de San Francisco de Loretoyaco, del lado colombiano en la triple frontera Colombia, Brasil y Perú, luchan porque el río Amazonas y sus afluentes como el Loretoyaco, mantengan el espíritu que se ha venido debilitando con el paso de los años por la contaminación, la deforestación y la trasgresión de lo sagrado. 

El río Loretoyaco señalado por una mano pintada con el tinte natural y tradicional Huito o È - en el idioma Magüta.
Foto: Ünãgükü Taüchina. 2020.

Para los Tikuna, los ríos son la esencia de la vida en comunidad. Su conexión con el agua representa la existencia, el sustento, la comunicación, la sanación, la salud y su ser. Ellos se reconocen como el pueblo pescado por su dios Yoi del lago Eware, de acuerdo con la Ley de Origen. Por lo tanto, la yakuruna, como el espíritu del agua, los acompaña desde su existencia.

Una familia Tikuna comparte a orillas del río.
Foto: Ünãgükü Taüchina. 

“La yakuruna era un médico tradicional que vivía dentro del agua. La palabra yakuruna significa Yaku, el médico tradicional, y runa, el fondo del río. Es la madre, el padre y el dueño del río Amazonas y de cualquier laguna”, explica desde su cosmovisión Ismael Laulate Curico, médico tradicional del clan Garza.

Ismael Laulate, médico tradicional, recorre el río Amazonas hacia su comunidad San Francisco de Loretoyaco.
Foto: Ünãgükü Taüchina. 2019.

La fuerza de la yakuruna está en la abundancia y misterio de la pesca, en el navegar, en las curaciones, los rituales y hasta en los baños. Son muchas las historias de médicos tradicionales, sabedores y sabedoras que reconocen la importancia de la yakuruna, pues el equilibrio y la armonía de las quebradas, ríos y lagunas tiene que ver con su presencia y la protección que brinda. Rituales sagrados como la pelazón, donde el baño en el río representa el inicio del ciclo de la vida de la mujer, centro de la fiesta ancestral, deja ver el recorrido entre lo sagrado y lo cotidiano. 

Sin embargo, la fuerza del espíritu de la yakuruna se ha venido perdiendo. La mayoría de los indígenas de San Francisco de Loretoyaco, unas 526 personas según el más reciente censo adelantado por el curaca (líder) de la comunidad, aseguran que la relación con el agua y sus seres viene cambiando por diversas causas como la tala indiscriminada, la trata de personas y economías ilegales como el narcotráfico, que afectan el equilibrio y la armonía. San Francisco de Loretoyaco es una de las 22 comunidades que hacen parte del resguardo Ticoya (formados por indígenas tikunas, cocamas y yaguas ubicadas por los ríos Amazonas, Atacuarí, Amacayacu y Loretoyaco).

“El narcotráfico impacta el núcleo familiar, cultural y comunitario. Se ve como una opción para ganar recursos, se escoge casi siempre a los jóvenes por la falta de oportunidades, para ellos, quienes incluso después de meses de producción muchas veces ni siquiera consiguen ese recurso; son engañados para involucrarse en la venta o consumo de esas sustancias”, dice un integrante de la Asociación de Autoridades Indígenas Aticoya, quien pidió reserva de su nombre.

Hombres que llegan a su comunidad en la frontera Brasil-Perú después de trabajar en un aserradero ilegal sobre el río Amazonas.
Foto: Nathalia Forero. 2019.  

Para la gran nación Magüta, quienes no reconocen fronteras, sus cotidianidades, saberes y tradiciones que se entrelazan de forma natural y se conectan por el río Amazonas son cada vez más afectadas por actores ajenos que arrasan el equilibrio único de la selva amazónica y sus comunidades. 

“Sabemos que en las cabeceras de los ríos se botan químicos y desperdicios del narcotráfico, imagino el impacto que tiene en el agua de la cual nos alimentamos, bañamos e incluso bebemos, ahora no lo dimensionamos, por eso da miedo el futuro, cuando ya se vea físicamente ese impacto”, agrega el integrante de Aticoya.

La investigadora Viviana García Pinzón, en un artículo para la Revista Ópera (2018), de la Universidad Externado de Colombia, corrobora que  “(...) la importancia del Amazonas para el narcotráfico radica en todas las vías fluviales con las que cuenta, ya que muchas directa o indirectamente desembocan en el río Amazonas en Brasil (...)”.

Habitantes de las comunidades recuerdan cómo el narcotráfico inició su incursión en la selva Amazónica con cultivos ilícitos como la coca, laboratorios artesanales y pistas clandestinas para aterrizajes de avionetas. Estas últimas fueron las primeras construcciones que se vieron en las comunidades, hoy día algunas de las campanas de las escuelas, las componen elementos que pertenecían a los aviones de aquella época. 

El vocero de Aticoya también menciona que a familias y jóvenes de las comunidades con limitadas oportunidades se les siguen presentando propuestas para el sustento del día a día como la raspa de la hoja de coca, labores de cocina y diversas tareas en los cultivos y laboratorios artesanales.

Los pobladores aseguran que por el río Amazonas y sus afluentes se ven pasando botes cargados con insumos y foráneos, y sobre sus aguas flotan desperdicios de químicos y basuras. 

Así mismo lo han publicado varios medios de comunicación que han informado que el departamento de Amazonas “se ha convertido en paso para grupos criminales colombianos, peruanos, brasileños y ecuatorianos, que aprovechan la inmensidad de la hidrografía de esta región y los baches de seguridad que hay entre las fronteras”.

Es así como la conexión con las aguas y el espíritu de la yakuruna se viene desdibujando cada vez más. La esencia de cuidado, misterio y ritualización no están tan presentes en la vida misma del pueblo indígena.

Esa es la lucha de pervivencia de las comunidades. Para los Magüta es necesario continuar la vida con el maestro espiritual del río, la yakuruna, que con su silencioso nadar mantiene la conexión y la protección de los pueblos.

Un pescador sobre el inmenso río Amazonas, en la triple frontera Colombia, Brasil y Perú.
Foto: Ünãgükü Taüchina. 

Nota. La serie sonora documental Voces de la Amazonía ¡Escucha, la memoria habla!, fue producida en un proceso de co-creación con periodistas y comunicadores indígenas y no indígenas de la Red Tejiendo Historias (Rede Tecendo Histórias), bajo la coordinación editorial del medio independiente Agenda Propia.

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